miércoles 18 de enero de 2012

El compás de mi corazón, mi ritmo cardíaco, fué interceptado a través de la maraña de seres nocturnos que danzaban al son de unos extraños acordes electrónicos.
Allí estaba él, sonriendo. Yo inmóvil, observándole desde el otro lado de aquella oscura habitación, inventando algún tipo de conversación con la cual pudiese franquear esa distancia que poco a poco parecía ir creciendo bajo mis pies. Después de unas cuantas canciones más y de unos cuantos otros tragos de cerveza, me di por vencida. Me dirigí hacia la salida para evadir mis falsas expectativas tras el humo gris de un cigarrillo, me acurruqué en una esquina a pensar... Cual fué muy sorpresa al volver la mirada hacia la puerta y encontrarle allí de nuevo, sólo, con su profunda mirada clavada en mí. Mi cuerpo se convulsionó. Sorprendentemente comenzó a caminar hacia donde yo me encontraba y se colocó a mi lado, me preguntó por un cigarrillo. Yo hice lo que pude, a tientas busqué mi paquete de tabaco por el bolso y le dediqué una sonrisa nerviosa mientras le llevaba a la mano algo con lo cual prender esa llama que encendería las cuatro horas siguientes de conversación. Tras tres días maravillosos retozando entre nuestros sueños, contemplando nuestros miedos y compartiendo nuestra saliva e ilusiones, prosiguieron casi tres meses de contacto diario a través de la pantalla de un ordenador. Nuestras barreras y nuestros miedos fueron cayendo uno a uno día tras día, poco a poco y de manera natural, hasta que nos dimos cuenta de que pudiese ser que, en una coincidencia de esas tontas del destino, nos hubiesen brindado la oportunidad de encontrar, al fin, aquello que tantas veces habíamos anhelado en encontrar. Y por qué no cometer la locura de seguir derribando barreras a pesar de encontrarnos a cientos de kilómetros de distancia, por qué no hacerlo, por qué no luchar. Por qué no continuar conociéndonos. Y volver a vernos, unos cuantos días después, para afirmar de una vez por todas, que parece ser que sí, que somos. Somos dos.
Prosigamos con nuestra aventura, en tres días le abrazo y se lo cuento de nuevo, aunque ya lo sabe y yo también lo sé por él.






Estoy contando los segundos.

13 garabatos:

  1. qué guay, por qué no me pasarán a mí esas cosas??? 8)

    ResponderSuprimir
  2. Me alegro muchísimo Ales ! Vale la pena no perder la esperanza , vale la pena seguir vibrando y sumando experiencias ! Vívelo !:)

    ResponderSuprimir
    Respuestas
    1. muchísimas gracias! así lo haré!

      Suprimir
  3. Adoro tu estilo. Me encantas!!! En mi Ipod escucho todas tus listas de reproducción que he podido conseguir... y molan un montón algunas de tus portadas... =) eres genial

    ResponderSuprimir
    Respuestas
    1. anda ya! ya será pa menos! :) pero gracias.

      Suprimir